

Por fin unos días antes del fin del otoño, nos decidimos y fuimos otra vez a nuestro amado Parque Pereyra. No es que sea el parque GRAN cosa... pero esta ciudad ofrece tan poca naturaleza cerca que lo poco que hay debemos aprovechar. A mi me encanta acostarme en el pasto y mirar el cielo a través de los árboles, sus Hojas y sus ramas. Cerrar los ojos y escuchar a los pájaros. Se puede hacer de a ratitos, porque cada tanto esto se ve interrumpido por la música de algún auto o el motor de un cuatriciclo :(
Los chicos disfrutan realmente el estar al aire libre, caminamos entre hojas,las escuchamos crujir y las tiramos por el aire. Después a Oli se le ocurrió cubrir a su papá con ellas y nos daba mucha gracia. El sacaba una mano...como quien resucita una vez enterrado...y asustaba a Olivia mientras todos nos descostillabamos de risa. Entonces quisieron cambiar los roles... pero cuando el papá fue a cubrir a la hija, de entre las amarillas hojitas salió una gigante patuda y peluda ARAÑOTA! que demás está decir que acabó con toda la diversión otoñal ;)
Bueno, no con toda, porque Siro había llevado su inseparable destartalado y viejo triciclo y Olivia hacía un día que andaba en bici sin rueditas, así que por los caminitos iban los dos felicisimos de acá para allá. También treparon troncos y finalmente anduvieron a caballo. Siro por primera vez en su vida.




Fuimos a pasear. Ella en bici, yo caminando. Miramos los árboles. Algunos aún verdes, otros entre verde y amarillos, muy pocos marrones. Muchas hojas en el suelo. Observamos sus colores :- juntá mamá!, decía sin bajarse de su bici.



